Palabras: Adriana Garavito / Fotos: Hilda Melissa Holguín
Nicole Calmet estudió administración y hasta ahora le causa gracia haber intentado, en algún momento, trabajar bajo las reglas de una empresa corporativa: “Una vez que empecé a trabajar en una oficina pensé: ‘¿Cómo hago para salir de aquí?’”, se ríe. Decidió cambiarse al mundo de la producción de eventos, una profesión más acorde a su gusto por el arte y la creatividad.





Empezó trabajando para un catering, luego tuvo una socia y actualmente dirige La Clé, su empresa de diseño y producción de eventos. Confiesa que es un trabajo exigente, pero le encanta por la oportunidad que tiene de conocer a fondo a las personas para las cuales trabaja; indagar en sus gustos y preferencias, y así crear momentos inolvidables sin perder su esencia. “Creo que también soy una psicóloga frustrada”, bromea. “Mis papás son psicoanalistas así que, tal vez, por ahí tiene sentido”.
Así como cambió su carrera, hace unos años Nicole tomó la decisión de empezar de nuevo con su espacio personal. Encontró un dúplex en Miraflores y se mudó con dos cosas claras: el cuarto de su hijo tenía que estar listo y todo el lugar debía transmitir calma. Su “no negociable” era que su nuevo hogar la represente al máximo —así como ella hace con sus eventos, para sus clientes—.



A diferencia de otras mudanzas, aquí Nicole fue paso a paso y no compró todo de golpe. “Con el tiempo aprendí que es mejor ir viendo qué encaja y qué no. Los objetos también te van encontrando, dependiendo del momento en el que estés”, comparte ella. Tiene razón. Por muchos meses, le echó el ojo a un cuadro del artista Mateo Cabrera. Lo vio en redes sociales, luego en revistas, hasta que por fin hablo con él, quien le aseguró que se lo guardaría. Lo mismo sucedió con una obra de Laura Cuadros: “Vi que la estaba pintando, la contacté, nos juntamos y parecía que nos conocíamos de otra vida. Me pidió que espere unos meses hasta que termine el cuadro. Esperé con calma y ahora está aquí y tiene el mejor nombre: ‘Calma para Nicole’”.
Ambas pinturas están en la sala, rodeadas del color que emana también de otras piezas de arte, objetos decorativos y plantas. Esta expresión ya no la encontraba en su casa anterior. “Algo se había apagado en ese lugar. Es tan importante cuidar de un espacio… Y vivir en penumbras ya no era una opción para mí. Así que venir aquí y ver cómo se puede recuperar es lindo. Me encanta el color. Va con mi personalidad y es bueno saber que mi casa tiene tanto de mí y de mi hijo”, dice.





En el comedor, un óleo en gran formato de Alejandra Pérez da un fondo de color al ambiente y conecta con el espacio social. La parte baja de las escaleras se aprovechó muy bien con una serie de repisas para libros, objetos y plantas. Abundan las orquídeas, una flor que demanda paciencia, amor y un cuidado particular. Nicole heredó el gusto por ellas de su papá. En este momento de su vida, son un recordatorio de lo importante que es avanzar sin prisa.
Se ha animado a colgar también alguna de sus propias pinturas, algo que antes le daba vergüenza; para Nicole, es una evidencia más de su liberación, de su nueva forma de percibir la vida.
Y luego está la habitación de su hijo, con unas gigantes tortugas marinas pintadas en la pared, invitando a viajar entre peces dorados y olas. El librero lo mandó a hacer, así como la cama. A pesar de que no faltan los tonos vibrantes en este cuarto (especialmente el rojo, que es de Spiderman, uno de los personajes favoritos del pequeño), Nicole también quería que se contagie de la misma paz que visualizó para el resto de la casa.



Su novio es bombero. En la sala de estar, ha colocado unos cascos de bombero a manera de decoración inesperada, no solo para que se sienta que él también ocupa un espacio físico, sino por hacer un homenaje a una ocupación que le parece tan admirable. Además, es un guiño al hecho de que la vida puede tener cambios inesperados que te transforman y, muchas veces, te regalan también sorpresas. Ese gesto se completa con una escultura de hidrante hecha a medida por la artista Inés Diez Canseco.
Justamente, la sala de estar regala otro respiro al depa. Y así como sucede en todos los otros espacios, la luz natural que entra por las ventanas genera la sensación de recarga, una especie de oportunidad de llenarse de energía. “Eso es lo que más me gusta. Que cada rincón recibe luz. Eso le da a mi casita esta sensación de calma y me fascina. ¡Me encanta estar aquí!”, expresa.



Su cuarto, donde reinan los tonos más claros, se siente como un refugio, un atributo necesario para su mente, pues en estos meses Nicole ha empezado a escribir una ficción inspirada en su historia. “Sentí la necesidad de escribir todos los cambios que he atravesado como mujer, como madre y más. Estoy plasmando esta transformación por la que he pasado y cómo he llegado a sentirme mucho más tranquila”, explica sobre ese nuevo proyecto creativo.



Nicole sonríe mucho. Puede reírse de sí misma (gran cualidad), se le percibe tranquila y su casa es una prueba clara de ese estado de ánimo. Al conversar, esa luz que tanto buscaba le enciende la cara y se le ve emocionada. Quizá porque sabe que hay mucho más por delante.

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