El color va por dentro

Por: Rebeca Vaisman / Fotos: Hilda Melissa Holguín

La casa está en una quinta frente al malecón de Chorrillos. El mar abraza cada vista. Ni la luz ni los sonidos son como de ciudad. Es más, por aquí no pasa ningún auto. A veces, Mozhdeh Matin siente que vive en un barco.

En realidad, se trata de una casona que hace unos años fue remodelada y se convirtió en una gran casa de playa, así la percibe ella. La diseñadora conoció este lugar porque unas amigas inglesas vivieron aquí: cuando terminaron el documental que estaban filmando y estaban por irse del Perú, le preguntaron si se quería quedar con la casa. En ese momento, Mozhdeh vivía en un Airbnb. No tenía planeado ocupar un espacio así de grande, pero la casa era tan linda, luminosa y buena vibra, que aceptó de inmediato. Ya van a ser cuatro años. Ahora se ríe, porque todo el que entra a su casa sale diciéndole: “El día que te vayas de aquí, por favor avísame”.

Desde entonces la ha compartido con amigos, con gente que va y viene pero que siempre son personas que conoce y eso, asegura Mozhdeh, le da un ambiente bonito.

Espacio sobra. Es una casa de cuatro niveles. En la primera planta está el jardín y el estudio de Mozh Mozh, su marca. No tiene showroom: si alguien quiere visitarla, la encuentra trabajando en su taller. En la segunda planta están la sala, la cocina y el comedor. Un piso más arriba se encuentran las habitaciones y una salita de estar. Y coronando todo, la terraza “que es una locura”, dice Mozh. Hay viento y brisa, todas las plantas se mueren, se le vuela todo. Pero la vista es increíble.  

“El espacio en el que uno habita es superimportante. Estaba con muchas ganas de vivir en un lugar como este, que me hace recordar a la casa de mis padres, de techos altos, luminosa… Es como el lugar donde crecí. Un lugar con buena vista y buena luz es una de las cosas que más me estimula. Y así como de día tiene que haber luz, de noche me gusta la oscuridad: me gusta prender velas y lámparas, que se sienta cálido.”

Mozhdeh nació en Cajamarca, de padres iraníes. De Cajamarca se mudaron a Trujillo y luego a Lima, donde vivieron en La Molina hasta que sus papás se hicieron una casa en Cieneguilla. Su hogar siempre fue muy iraní: lleno de tapetes, con decoración persa y símbolos de la fe Bahá’í. Hay otra constante: sus casas siempre han estado ligadas a la naturaleza. Ya sea porque estaban rodeados de ella, con paisajes de campo, o porque tenían jardín y espacios verdes. Hace poco, el papá de Mozhdeh la fue a visitar, se sentó en el sofá y, mirando alrededor, le dijo “tu casa es igualita a la nuestra”. Y nada que ver, no podría ser más distinta… pero Mozhdeh entiende a qué se refiere. A los tapetes, los colores, las plantas. Ellos tenían campo, cerro y río; hoy, ella tiene mar.

Su colección de alfombras es una maravilla. Tiene algunas iraníes y turcas, pero más que nada son peruanas, de distintos viajes que ha hecho por la sierra, ferias y visitas a comunidades tejedoras. “A algunas personas les emociona los zapatos, yo compro textiles”, asegura Mozhdeh. Con esos tapetes en el piso y muebles ella se siente cómoda, abrigada. Si lo piensa, está segura de que hay un lenguaje común entre lo iraní y lo peruano. Ella ha nacido y luego ha crecido en medio de dos culturas para las cuales el textil es una forma de arte y de expresión muy importante. Su mamá siempre le dice que cuando era niña le gustaba tocar las telas, quería sentirlas.

Por estos días, las personas que trabajan con ella en el taller están volviendo a trabajar presencialmente. Era muy rica la dinámica presencial y la ha extrañado. Mozh Mozh se hace cada vez más conocida internacionalmente. Publicaciones como Vogue han destacado su diseño y su intención sostenible, sus investigaciones para crear un látex natural que proviene de los los árboles amazónicos de Shiringa. E incluso personajes conocidos han compartido su estética: La artista Chloe Wise, la stylist Katie Merchant y hasta la hiperfamosa Bella Hadid han salido en fotos usando prendas de Mozh Mozh. Esa ebullición hace que la diseñadora se cuestione muchas veces si debería dejar Perú, y acercarse más al corazón del estilo y la moda. Sin embargo, siente que el suyo es un negocio muy joven aún y que ella necesita estar acá y ver de cerca los procesos. Dice que necesita crecer primero, para poder avanzar.

“Perú es tan colorido. Los Andes son una explosión de color. Y en la cultura iraní, toda la parte montañosa lo es también: el paisaje, la ropa de la gente nativa. Creo que el textil es un espacio que me permite explorar el color. Tengo la influencia cultural de ambos lados y aún de otras culturas más, y eso es lo que más rescato al momento de diseñar mis propios textiles”.

La casa cambia constantemente. Va sacando y poniendo objetos, arte. Tiene unos trajes típicos colgados, expuestos, y los va moviendo por la casa. Antes tenía su colección de sombrero ocupando toda una pared, ahora los ha bajado. Estos objetos son tan bonitos que no puede guardarlos, quiere verlos.

Así como el textil la acoge, el color la tranquiliza. La hace sentirse en casa. Para Mozhdeh, tener puntos de color traen alegría y luz. Igual procura ser cuidadosa con los tonos: por ejemplo, no podría habitar un espacio que tenga una pared roja… Aunque confiesa que está pensando en pintar alguna pared de azul, si bien no se termina de animar. Mi cuarto es el ambiente más neutro, blanco y azul, solo la alfombra enciende las cosas un poquito. El cubrecamas, la cómoda, la cortina son blancas. Y es que este es el lugar donde descansa su vista y su mente. Le gusta despertar limpio. Empezar de cero cada día.

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