Un lugar para continuar

Fotos: Pierina Másquez

Es interesante seguir el camino que toman aquellos proyectos que no partieron con la idea de ser un negocio o de durar para toda la vida, sino para permitirse hacer algo que a uno le gusta o que necesita en ese preciso momento. Hace un año, los pintores Pierina Másquez y José María Denegri decidieron crear un espacio en paralelo a sus prácticas artísticas personales, que les permitiera explorar el trabajo colaborativo y volver a la simpleza y emoción del dibujo y la ilustración. Un año después, Fortuna Studio se ha convertido en parte importante de sus trabajos y de sus vidas.

A Pierina y José María les entusiasmó la posibilidad de dibujar cosas de su entorno cotidiano; de inspirarse en fotos propias, en los discos y las películas que les gustan, de volver a pensar en aquello que está cerca. Aprecian la libertad de sentarse a dibujar sobre lo que de verdad les gusta.

“Pierina y yo nos conocemos desde la universidad: ya desde entonces teníamos talleres uno junto al otro. Siempre hemos compartido procesos y proyectos de manera muy cercana, y por casi dos años compartimos un taller donde cada uno trabajaba en lo suyo. Llegó momento, hace un año, en el que queríamos pasar juntos un tiempo durante la semana, para sentarnos a dibujar por el placer de dibujar. Al final de la tarde nos sentábamos a conversar, poner música y comer algo mientras dibujábamos, y eso se volvió una rutina casi diaria”.

“Yo había dejado mi trabajo, había tenido que dejar mi taller en Barranco. Pasaba por temas complicados, también José María, y era momento de replantearme mi carrera… Había perdido la emoción de producir de manera personal. Y entonces empezamos a conversar y dibujar. Y fue todo muy orgánico. Volvimos a los materiales que usábamos en la universidad, al color. Fortuna me permitió reconectarme con esa emoción por la cual empecé a hacer arte. Si no hubiéramos generado este momento de confianza, de acompañarnos, para recordar el cariño que sentimos por el dibujo, creo que no hubera podido seguir con mi trabajo”.

Pierina vivía con sus papás: al quedarse sin taller les propuso que le cedieran una pequeña habitación que usaban como depósito. La idea no era mover el taller ahí, sino su propio dormitorio: ella desarmó su cuarto, y trasladó su cama con la mesa de noche y el pequeño escritorio; así, su antiguo dormitorio, más amplio, quedó para el nuevo espacio de trabajo. No hubo problema porque la verdad es que pasa más tiempo en el taller que en su propia habitación.

Antes estaba todo el día fuera de su casa: entre el trabajo y su espacio personal en Barranco, salía 8 am y regresaba 10 pm. Hoy, pasa todo el día en casa, y de alguna manera ha tenido que hacerse a la dinámica familiar. Al comienzo sus papás la interrumpían mucho, pero ellos también han comprendido que está trabajando. Sus padres siempre han confiado en el gusto de Pierina, y es ella la que define qué tipo de muebles y alfombras se ponen en la casa. Curiosamente, no hay cuadros de Pierina en casa, pero sí de José María.

Él le ayudó a arreglar y a pintar las dos habitaciones. Fueron dos meses de limpieza profunda, de deshacerse de cosas que ya no le servían, y de trabajo. Fue natural que Pierina le ofreciera compartir el espacio.

A ambos les preocupaba abandonar su relación con la calle. En el caso de Pierina, sus proyectos personales están muy vinculados con sus paseos por la ciudad. José María es un poco más casero pero después de más de cien días de confinamiento, sí siente la urgencia de salir. En todo este tiempo, han compartido sus sesiones por Zoom. Ambos se dan cuenta de que el enclaustramiento ha derivado en que sus últimos dibujos tengan una mirada muy íntima, basada en escenas de películas, con imágenes de interiores en los que la vida transcurre dentro de cuatro paredes. “Una esquina con una planta y mi perro durmiendo a los pies de la maceta, algo tan cotidiano se vuelve un escenario”, dice Pierina. “Me fijo en la constitución de la imagen, en cómo están ubicados, miro la tela que cubre la mesa, porque son esos detalles que nos nos cuentan sobre las vidas de las perdsonas.

Es un departamento pequeño y eso les empuja a tener lo justo y necesario. Pierina es maniática del orden, pero han aprendido a convivir, dejando que José María deshaga y ella volviendo a hacer. Tratan de dividir el taller y de no inmiscuirse en la mitad del otro. Cada uno tiene una mesa grande, y en el estante dos peldaños son para uno y dos para el otro. La biblioteca de referencias la han armado entre los dos. Están rodeados de plantas, posters y dibujos que han hecho o que amigos artistas les han regalado. A Pierina le gusta coleccionar juguetes y recuerdos, y a ambos les sirven para entender la materialidad del objeto. Todo ello se ve reflejado en los trazos que firman como Fortuna Studio. Uno de esos proyectos que te cambian la vida.

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