Un enfoque positivo

Fotos: Adriana Kouri

La cuarentena no ha sido fácil para Adriana Kouri. No ha sido fácil para nadie. En su caso, al comienzo, se sintió angustiada porque bastó que le prohibieran salir para querer hacerlo. Le dio ansiedad, empezó a “comer como descocida”, lo que a muchos les ha pasado. Pero con los días se fue acostumbrando. Hoy ya tiene una rutina establecida: se despierta en la mañana, pinta un rato, está con sus hijos, cocina, lava, ordena la casa, solo en eso ya se la pasó el día y bien rápido. Ya no siente la ansiedad inicial. Ni siquiera las ganas locas de salir.

Una cosa es pasar la cuarentena solo o con tu pareja, y otra muy distinta es pasarla con hijos, sobre todo pequeños. Digamos que cada situación tiene sus retos, pero tener confinados a niños muy chiquitos agrega responsabilidad y estrés al hogar. Adriana lo está experimentando con sus hijos Galo, de 5 años, y Mariano, que está a punto de cumplir 3. Hace poco escuchó ese video que se está compartiendo en redes, de un chico analizando la reducción de nuestro espacio personal, y le parece muy acertado: ahora trabajamos, vivimos y educamos a los hijos en un solo lugar. El mismo lugar en el que también tenemos que aprender a descansar y relajarnos. Es fuerte. 

Dos semanas antes de que empezara el confinamiento, Adriana y su familia se mudaron a un departamento en el mismo edificio en el que ya vivieron hace varios años, apenas Adri y Mauricio, su esposo, se casaron. Ella se ríe, nerviosa, imaginando qué hubiera sucedido si la cuarentena los agarraba en media mudanza. Han tenido suerte. Dice que le faltan varias cosas, pero el depa está prácticamente listo. Las alfombras se quedaron en el depósito; el sofá que compraron para caber todos en la sala de estar, no se los han podido entregar. Los ambientes no están perfectamente arreglados, “y menos ahora con todo este desorden”. 

Adriana es fotógrafa y es su principal trabajo, pero es muchas cosas más. Tiene una cuenta de Instagram, Atipicalife, en la que comparte su afición por la comida saludable y su experiencia como mamá, sobre todo como mamá de un niño neuroatípico. Galo es autista, y la cuarentena ha sido especialmente difícil para él. “Cada niño con autismo es un mundo, pero digamos que, hablando desde una mirada en común, necesitan mucho los espacios libres, porque se frustran con mayor facilidad”, explica Adri. “A Mariano le digo que no puede salir y me entiende. Empieza a jugar solo, se inventa un juego. Yo no conocía esa capacidad de imaginar de los niños porque no la gocé con Galo. Él no tiene imaginación, es más concreto. Yo tendría que dibujarle que no puede salir para que lo entienda. Felizmente hace un par de semanas el gobierno ya dio permiso para que los niños con autismo puedan salir a caminar 15 minutos alrededor de la cuadra”. Galo sale con su pañuelo azul en el cuello, como señal de su condición. Aún así, hay quienes critican en voz alta, desde sus ventanas, que estén en la calle. Demostrando que a todos, chicos y grandes, nos viene bien una lección de tolerancia. 

Hace unos diez años, a su mamá le detectaron cáncer. Estuvo muy mal, y Adriana no puede olvidarse de eso. Como parte de su tratamiento, empezó a comer más sano, así que Adri relacionó una buena alimentación con prevención ante la enfermedad. Desde ese momento empezó a interesarse mucho más por lo que comía. Tiempo después, ella misma empezó a sentir malestar. Obviamente tuvo miedo. A la par que se hacía chequeos, empezó una búsqueda muy personal de bienestar a través de lo que consumía, eligiendo los ingredientes, preparando ella misma alimentos que la hacían sentir bien. Los exámenes revelaron que era celiaca e intolerante a la lactosa, y eso ordenó su día a día. Incluso agradece ese diagnóstico, porque es una oportunidad de comer de manera más sana. 

Cuando nació Galo y se descubrió que era autista y que, por ende, era más propenso a problemas gastrointestinales, la comida saludable pero creativa se volvió un imperativo en su cocina. Y con Mariano, si bien puede ser un poco más flexible, siente que es una excelente forma de educarlo, de enseñarle a elegir bien, a ser más sano. Ellos la ayudan en la cocina, y Adriana se esfuerza en encontrar recetas ricas y diferentes para todos en la casa. La cocina es su pasión. De hecho, es el motivo por el cual empezó su cuenta de Instagram: para compartir recetas. Considera que la cocina sigue siendo el esqueleto que sostiene su plataforma digital. 

“Siempre consideré que Atipicalife sería una ventana para muchísimas cosas más que se me podrían ir presentando. Solo que en ese momento yo no sabía por dónde me conduciría. Por supuesto que al comienzo tenía miedo y dudas: me preguntaba si estaba bien exponer no solo mi vida, sino la de mis hijos. Me preocupaba, sobre todo, que Galo pudiera leerlo más adelante y me cuestionara por qué tuve que decirle a todo el mundo que él es autista. Pero luego pensé: no es que haya una cura, él va a ser autista toda la vida y tiene que quererse como es, y la gente tiene que quererlo como es, sus amigos, su novia, su esposa, no sé. Por eso no siento que esté haciendo nada malo por contar algunos fragmentos de la verdad de nuestras vidas”. 

Uno de los grandes retos para Adri estos días de cuarentena es que Galo y Mariano se pelean todo el tiempo. Mauricio está teletrabajando con horario de oficina, y Adri tiene que estar atrás de los chicos para que no le hagan bulla ni interrumpan alguna de sus videoconferencias. Admite que es estresante. Se pelean porque Mariano muere por su hermano mayor pero Galo no le da bola, entonces lo molesta, lo jode, tratando de llamar su atención. Claro que juegan juntos: en un espacio abierto, en el parque, en el tobogán o el saltarín. Es loco, pero mientras más espacio hay entre ellos, mejor pueden relacionarse. El confinamiento pone a prueba a los niños más de lo que pensamos.  

A pesar de todo lo que está pasando y de la incertidumbre, siente que este año le ha dado mucho. Ha podido escribir su primer libro. Es un cuento que publicará con la editorial Caja negra apenas puedan volver a poner una fecha para la presentación. El tema es la inclusión. “Cada niño tiene sus tiempos, cada niño desarrolla diferente, pero todos son mágicos, todos tienen poderes y pueden volar alto”, dice Adri. 

También ha vuelto a pintar. Su mamá lo hacía y ella creció viéndola. En el colegio, la clase de arte era la única que le gustaba. “Pero, ya sabes: se te va la vida, vienen otras cosas, te distraes y te olvidas de que te gusta algo”, explica. En el verano se metió a cuatro clases de acuarela con Cristina Cillóniz, y ahora ha aprovechado estas semanas para seguir tutoriales, investigar con sus materiales y volver a pintar. Lo primero que hizo, apenas se sintió segura, es pintar en la pared del cuarto de Mariano. Y su mamá le acaba de regalar su mesa de pintura que tiene 35 años, la recogerá cuando acabe la cuarentena.

“Mi personalidad siempre ha sido positiva, siempre trato de sacar algo bueno de todos los problemas. Y he vivido situaciones complicadas. Por eso, creo que es como si la vida me hubiera preparado para este momento. Cuando me dieron el diagnóstico de Galo no se me vino el mundo abajo: sí, lloré una semana, pero luego dije ‘ya, ahora qué hago’. Tengo una forma de ver la vida y trato de mantener en perspectiva lo que realmente importa. Eso no quiere decir que no sienta angustia o pena, o que no llore, pero es cómo enfrentas eso. Creo que, si en paralelo a tu vida estás consciente que la muerte está ahí, que todos nos vamos a morir, hace que pienses en lo que en verdad importa. Importa que mis hijos estén sanos, que yo esté contenta, que tenga paz mental. Muchas veces pensamos que tenemos problemas y en realidad no lo son”. 

Se ha especializado en fotos de niños, embarazadas, cumpleaños y familias, pero además ha empezado un nuevo proyecto de fotografía de matrimonios y eventos con The Soul Project. Con sus fotografías, a Adriana le gusta captar el momento real. Sabe que todos los papás quieren a sus hijos sonriendo y que esa es la foto que van a enmarcar, pero la foto que a ella le gusta es esa en la que el niño sale serio, sereno, expresivo. Lo mismo le pasa en las bodas o eventos: no quiere imágenes bonitas sino momentos intensos, emotivos. La imagen imperfecta es la que me gusta, dice. 

Siempre le gustó la decoración. “Ahora también me importa, pero no tengo plata, hay otras prioridades”, se ríe. Le encanta comprar adornos y tiene muchos, siempre que puede compra cosas baratas pero bonitas. No es nada minimalista, le encantan los ambientes con detalles. Sus objetos favoritos son los que encierran un recuerdo, los conserva incluso si están rotos o viejos. Su departamento es alegre, con elementos rústicos (como el adorno tejido de pared y la caja de madera como maceta colgante), y la pieza central es, sin duda, su gran cuadro de “Love Is The Answer”: un mural que Conrad Flores pintó durante su boda. Tiene mucho significado.

Su recomendación para lo que queda de la cuarentena es tener paciencia, tolerancia y respeto. Dar espacio al otro, aunque sea mínimo. Y reconocer las cosas buenas. Ella y su familia han pasado momentos muy bonitos, viendo películas, compartiendo. Para Galo y Mariano ver a su papá todo el día es un regalo, están felices con eso. Así que enfocarse en lo positivo y estar agradecidos, esa también es la respuesta. 

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