Una nueva mirada

Fotos: Janice Bryson

Este edificio le encantaba. La esquina era perfecta: urbana, con una vida muy bonita, con restaurantes, bodeguitas, tiendas, con árboles. Augusta Pastor vivía muy cerca en un departamento chiquito y cada tanto pasaba por aquí y le preguntaba al portero si algo se había liberado. Hizo eso hasta que un día tuvo suerte. Aún recuerda la impresión que generó en ella ver –por fin– los interiores del departamento: “Esa ventana me encantó y la columna redonda en la mitad del espacio me parece precisa”, dice la arquitecta e interiorista codueña de la tienda Primas, que se mudó aquí hace dos años y medio.

De lo que puede verse ahora solo encontró la chimenea: todo lo demás lo trajo o lo armó ella. Quedan el sofá y la mesa de centro de su depa antiguo: el espacio anterior era tan chico que no tenía mucho más, y lo que tuvo y trajo lo ha ido cambiando. “Al cambiar cositas puede cambiar todo el ambiente”, explica. “El estante bajo la ventana, por ejemplo: cuando lo limpio se mueve toda la distribución y es increíble, pero con los mismos objetos puedes lograr cambiar todo”.  

Si bien como arquitecta e interiorista responde al estilo y a las necesidades de sus clientes, personalmente Augusta prefiere los espacios limpios y muy curados. Por eso, hasta ahora no sabe cómo se atrevió con el sillón amarillo. Se lo compró a un cliente –“porque con los clientes me atrevo más que conmigo”—, y quedó tan bien en ese proyecto que se compró uno idéntico. “Además me di la excusa de usarlo para la lactancia… Aunque nunca lo usé para eso”, confiesa riendo. Lo cierto es que resulta perfecto en la esquina de su sala.  

Cosme nació hace 11 meses. Su cuarto se montó en lo que era la oficina que Augusta compartía con el artista Santiago Roose, su pareja. La habitación de Cosme es una maravilla: colorido y alegre, pero sin tonos infantiles; espacioso y cálido, con una repisa alta que lo recorre y que sostiene juguetes de madera y de tela y libros que contrastan y combinan con las paredes y las telas que se usaron. Afuera, Augusta y Santiago han instalado sus computadoras en un extremo de la mesa del comedor. Por eso se están mudando: ya no les alcanza el espacio.

“Con Cosme han llegado varias cosas, pero la verdad es que yo soy minimalista… y también un poquito mandona. No le pienso comprar un saltarín y tiene pocos juguetes… Es que me parece un desperdicio porque al final con lo que más le gusta jugar es con una botella. Además, tengo todo un tema con los juguetes de plástico brillantes, me parecen feos. Entonces, entre eso y que es malgastador no se los compro. Igual tiene el corral que ponemos en mitad de la sala, tiene la silla de comer que se la elegimos bien… el platito de comer se lo compro bonito. Para mí es una lucha: Santiago me dice que va a llegar el día en que Cosme se aparezca con un Spiderman y que tengo que prepararme”.

Augusta hizo toda la carrera en Santiago de Chile; al graduarse hizo una pasantía profesional en Nueva York y luego trabajó en un estudio de arquitectura en Buenos Aires. En el 2013 volvió a Lima y casi de inmediato encontró un puesto en un estudio local. Sin embargo, muy rápido también, ella entendió que Lima le pedía hacer algo propio. Fue por esa época que recibió la llamada de su prima Macarena Belaúnde.

“Hay una diferencia de edad entre nosotras y nunca habíamos sido unidas, pero éramos primas y Macarena es muy amiga de mi hermana mayor. Yo tenía un blog de diseño en ese momento y ella me había agarrado la onda”, cuenta Augusta. Macarena había crecido rodeada de objetos, antigüedades y arte popular: el amor por las cosas es un gusto heredado; Augusta, por su lado, tiene otros arquitectos en su familia, que es muy orientada al coleccionismo y al arte. “Macarena me dijo que tenía esta idea: viajar, comprar muebles, adornos y otros objetos, traer un contenedor y se acabó, iba a ser como un pop up”. Así nació Primas.

Alquilaron la mitad de una casita antigua en Miraflores por 6 meses, pero pronto se dieron cuenta que les iba bien y que les gustaba lo que estaban haciendo. Con el tiempo tomaron la casa entera. Viajan periódicamente de compras a Asia (China, Indonesia, India) y a algunos países europeos como París y Londres, y ya tienen proveedores conocidos. “Creo que Primas tiene un estilo ecléctico que tiene que ver con que Macarena y yo somos polos totalmente opuestos, pero curiosamente funcionamos bien juntas”, explica Augusta. “Es como un florero de líneas muy minimalistas y simples que pones junto a un vaso de bronce labrado de la India o a una máscara africana, y queda bien”.

Augusta la tiene clara en lo que respecta a la tienda y a su estudio de arquitectura. Pero es indecisa con sus propios espacios. Santiago, Cosme y ella van a dejar este departamento muy pronto para mudarse a un espacio propio: una casa de casi 100 años en una quinta miraflorina que están terminando de reformar. “Veo los acabados, pruebo y no sé… los maestros me odian”, se ríe ella. “Yo no sé si a todos los profesionales del rubro les pasa, pero yo misma me genero presión. Con esta casa nueva todo el mundo me dice: ‘¡Ay te va a quedar hermosa!’, y yo pienso: ‘¡No me jodas, dame permiso de que me quede mal!”.

Entre otros reconocimientos, Santiago ha sido el ganador del primer premio del concurso de Artes Plásticas de Telefónica 2002 y del concurso Centro Abierto 2012, además de haber sido uno de los primeros peruanos en participar en el festival Glasgow International del 2016. Como artista plástico, también tiene un interés visual en el espacio que lo rodea. Aunque quizá sea Augusta quien termina de definir algunas decisiones concretas en lo que a su hogar se refiere, Santiago es “un gran socio” en más de un sentido: no solo están armando juntos la casa nueva, Santiago también colaboró con el espacio que Primas presentó en el último Casa Cor y ha colaborado con otras obras del estudio de Augusta. Juntos tienen un plan increíble: levantar una casa en Gocta; el diseño lo han hecho los dos y Santiago construyó la maqueta.

“Es bien raro eso que se arma entre Macarena y yo de manera supernatural. En muchas cosas no resultamos compatibles, pero cuando se trata de armar un espacio sale al toque. Comprar es facilísimo, a pesar de ser tan distintas: si fuéramos a un mall para comprar ropa juntas, no compraríamos lo mismo jamás, pero cuando vamos a ferias de anticuarios y objetos y recorremos galpones y galpones… de pronto las dos agarramos la misma cosa. Es que Primas ya tiene algo propio. De hecho, mi casa no es full Primas y tampoco lo será la casa nueva; es que Primas no soy yo, Primas no es Macarena: Primas es Primas”.

Las despedidas siempre cuestan un poco, así como entusiasman los inicios. Estas últimas semanas en el departamento generan sentimientos encontrados en Augusta. “Este depa es muy lindo… Esa ventana es muy especial. Se ven las tipas [árboles] que tienen unas flores que se ponen muy amarillas en el otoño. En “Cien años de soledad” hay unos personajes que están enamorados… Cada vez que él llegaba a la ciudad, esta se llenaba de mariposas amarillas. Me hace acordar un poco a eso. Lo voy a extrañar”.

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