Un nuevo sol

Palabras: Fiorella Iberico / Fotos: Hilda Melissa Holguín

Mientras Solange Chrem montaba su nuevo hogar, se iba rearmando ella misma. Tras un largo matrimonio, había llegado la decisión de separarse y, con esta, la necesidad de emprender la búsqueda de un nuevo lugar para vivir. En su mente, Solange quería un espacio que le permitiera, tanto literal como simbólicamente, comenzar un nuevo momento.

No fue fácil encontrar un departamento para ella y sus mellizos —que ahora tienen 14 años—. Recorrió innumerables opciones, pero muchas le resultaban desalentadoras, y no necesariamente por la calidad, el tamaño del espacio o temas prácticos. Salió llorando de varias visitas por sentirse incapaz de conectar con esos lugares. Sin embargo, algo le decía que su depa soñado la estaba esperando y esa certeza la movía.

Cuando llegó a este departamento miraflorino sintió un vínculo con el lugar desde el primer momento. Era evidente que necesitaba varias mejoras: no era moderno ni ostentoso, pero tenía justo lo que ella necesitaba. Llevó a sus hermanos, su apoyo incondicional, para compartirles su hallazgo, pero ellos se mostraron escépticos, recuerda Sol riendo. Ella, fiel a su esencia y en una hermosa analogía con su nombre, prometió transformar el espacio y llenarlo de luz, energía y vida.

Sol describe su edificio como “una delicia”, y no es para menos. La ubicación de su departamento le permite mantenerse aislada del bullicio de la calle, mientras que la tranquilidad de los vecinos mayores crea una dinámica pacífica y agradable. Al estar en un primer piso, su hogar tiene un aire de casita, con el privilegio de contar con tres dormitorios, un patio y una terraza.

Cada habitación se fue llenando con las historias que quería contar. Para ella, lo especial de este lugar radica en cómo los objetos se convierten en portadores de memoria. Aunque no tiene abuelos ni padres vivos, siente su presencia a través de estas piezas que la acompañan y le permiten conectar con sus raíces.

Uno de sus objetos más valiosos es un Buda que perteneció a su padre, quien falleció cuando ella tenía 15 años. La mano del Buda se desprende y ella imaginaba que, a través de él, podía comunicarse con su padre. Para Sol, esta figura es mucho más que un recuerdo: es el guardián simbólico que protege su hogar. También atesora un baúl que perteneció a su bisabuela y conserva con cariño el álbum de bodas de sus padres, una pieza que reivindica su fe en el amor.

En su hogar, los muebles antiguos que alguna vez formaron parte del icónico Hotel Crillón conviven con mesas y objetos en madera realizados por su hermana, Sally Chrem. Obras de arte de peruanos —como las pinturas en gran formato de Reynaldo Aguilar, que están entre su comedor y su sala, los más pequeños lienzos de José Antonio Gómez Hernández, y la pieza bordada de Manuela Tapia (con una frase que la propia Solange construyó a partir de un taller que dictó)—, acompañan el color y los patrones que predominan en los textiles y paredes de la casa.  

Y es que Solange no solo se rodea de historias pasadas: tiene mucho que contar, tanto por su trabajo como por las pasiones que la mueven, y su entorno lo muestra plenamente.

Al salir del colegio, decidió estudiar actuación profesional, impulsada por su sueño de ser actriz, a pesar de que sentía que era una época hostil para seguir ese camino. Así empezó su aventura en el teatro. Más adelante, exploró otras áreas de estudio hasta que encontró su lugar en las artes expresivas. Además de ser asesora de mediación artística en D1, la asociación cultural dirigida por Vania Masías, Sol se ha especializado en impartir talleres de desarrollo personal a través de las artes, que funcionan bajo el nombre de Amígdala.

Como alguien que siempre ha hecho terapia, reconoce que el arte en todas sus formas, le ha salvado la vida. “Me ha sostenido, me ha llevado a lugares maravillosos y me ha regalado nuevos lenguajes para expresarme”, reflexiona con gratitud.

La experta en arte terapia y desarrollo humano, Solange Chrem, probó el poder del color, el arte y el autodescubrimiento, cuando tuvo que armar un nuevo hogar para ella y sus hijos.

Solange es una mujer de rituales, pero los suyos están lejos de la astrología o los signos zodiacales, en los que no cree: “Me parece que te quitan responsabilidad”, explica. En cambio, sus rituales están profundamente ligados a la belleza y el arte, y a la voluntad de rodearse de ellos en cada aspecto de su vida. Esa intención se pone de manifiesto en pequeños detalles cotidianos, como en la forma en que selecciona su ropa y se viste. Compra flores incluso cuando va a estar sola en casa, porque disfruta del aroma y la vista que alegra su hogar. Aunque ha atravesado grandes momentos de oscuridad, siempre elige estar del lado de la luz, y eso se siente en cada rincón de su departamento, que irradia una energía cálida y vibrante.

Su terraza generosa y alegre le permite dedicarse a su más reciente “aprendimiento”, como llama, con humor, a su nueva pasión por hacer velas que se ha convertido en su marca Apréndeme, con la que vende velas aromatizadas que llegan siempre con una frase pensada por ella. Frases como “soy el olor de un recuerdo aprendido” o “eres purita luz”. A Solange le encanta escribir.

Tanto su dormitorio como el de sus hijos colindan con la terraza. León, su perro, disfruta ahí a sus anchas. Es un espacio que crea una conexión natural entre todos, sin perder la independencia y la privacidad. En general, todo en este hogar fluye con armonía: los espacios son circulares, la música nunca falta y el olor del incienso se siente como un sello característico de su hogar.

Con cariño y paciencia, Solange ha ido moldeando cada rincón de su departamento, convirtiéndolo en una extensión de su ser. Y al ir decorando y construyendo, se ha mirado, se ha pensado y va aprendiendo sobre ella misma. Los objetos contribuyen a su narrativa personal, pues hace tiempo se dio cuenta de que cada uno cuenta su propia historia. Su gusto por lo antiguo se entrelaza con su aprecio por lo nuevo, reflejando su propia esencia: una combinación de memorias y reinvenciones, donde lo clásico y lo contemporáneo dialogan, transformándose con el tiempo, al igual que ella.

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