El lugar y el momento correctos

Palabras: Romina Herrán / Fotos: Paula Virreira /Una historia interior de Armando Paredes

Se acuerdan claramente de aquel domingo del 2023 cuando, frente a los planos, decidieron hacer la compra de su primer departamento juntos. Hoy, Angela Guillén y Jimmy Venero llevan un año viviendo en el dúplex del Armando Paredes de Pasaje Los Pinos. Este lugar era todo lo que venían buscando desde que se casaron.

El depa tiene tres habitaciones, y eso se les hacía ideal para el futuro que proyectaba como familia. La terraza les encantó, porque la vieron como un respiro en medio de sus rutinas. Además, el edificio está en el corazón de San Isidro, apenas a unos minutos a pie de sus trabajos. Eso significa que los restaurantes y cafés del barrio, así como el pasaje verde que Armando creó para el proyecto, son parte de su día a día. Desde que vieron los planos, Angela y Jimmy ya imaginaban un estilo de vida mucho más equilibrado. Todo encajó.

Sus perfiles son financieros: ella es economista y Business Planning Manager de Nestlé Perú; él, ingeniero industrial y subgerente de cuentas de Los Portales. Pero su casa revela su espíritu creativo. Mientras esperaban la entrega de las llaves, se dedicaron a planear el interiorismo y fueron adquiriendo algunas piezas, como las lámparas, la cama para el dormitorio principal, la mesa del comedor y las sillas vintage. En ese proceso, algo quedó claro para Angie y Jimmy: no querían encapsularse en un solo estilo de decoración, lo suyo era un mix entre lo clásico, lo nórdico y lo Mid-century, y preferían la combinación de formas y texturas.

Apenas llegaron al depa, añadieron molduras a las paredes y una chimenea de piedra con vetas irregulares en la sala, que era el sueño de Ange desde pequeña. Todo el primer nivel del dúplex se siente como un espacio abierto e integrado. Para ellos, la sala es el alma del depa y es el espacio donde pasan más tiempo. Pensando en sus rutinas caseras favoritas, Ange cuenta que “cada tarde, después del trabajo, nos sentamos aquí, nos servimos una copa de vino, ponemos unos vinilos y conversamos sobre nuestro día. Este también es el lugar donde nos gusta recibir a nuestra familia y amigos cuando vienen”.

Tiene sentido que sea el lugar donde han colocado algunas de las piezas a las que más cariño tienen: están los tesoros de su último viaje a África, como los tallados de animales y el rungu (bastón), que fue un regalo de un líder de la tribu Maasai; y el arte en técnica mixta de Lucía Figueroa. Jimmy es un apasionado del diseño de luminarias, así que tienen en su colección lámparas como la Nelson Bubble de Herman Miller y la Bobbin Cherry Lamp de Addison Ross. Su aprecio por el arte y el diseño se siente en la sensibilidad de este depa.

En ese mismo espacio, se luce un sofá que es una réplica del modelo alemán Wolke (nube), que les gustó por su forma escultórica; y una butaca de madera cachimbo y cuerda en trenzado natural, inspirada en un diseño de Hans J.Wegner de los años cincuenta, que mandaron a hacer a un artesano chimbotano; y una butaca giratoria de borreguito, que es de lo más funcional.

En el comedor, la mesa es en chapa de roble color carbón. Alrededor, seis sillas desiguales: un par estilo taberna inglesa que consiguieron en una tienda de antigüedades y, el resto, de inspiración danesa de mediados de siglo XX. Sobre la credenza de madera maciza, está la lámpara de metal trenzada que compraron en la nueva tienda Lo que hallamos, y también el tocadiscos, que los hace enormemente felices. A Ange le encanta escuchar a Olivia Dean y Etta James; a Jimmy, cuyo padre fue el cantautor cuzqueño Pablucha Venero, la música de Sault, Fela Kuti y Jungle.

Desde que llegaron aquí, Ange ha descubierto su faceta de anfitriona y, cada vez que recibe invitados, le gusta decorar la mesa del comedor con vajilla, mantelería, flores, velas y algún postre; también arma unas tablas de quesos que le quedan cada vez mejor. “Siento que descubrí una nueva forma de dar amor a las personas que quiero. Al final, más que poner una mesa bonita, lo que disfruto es crear un espacio donde mis invitados se sientan especiales, queridos y felices”, dice ella. Jimmy es quien se encarga de los cocteles.

En la cocina abierta, la pareja suele desayunar a diario, y los fines de semana Ange prepara algunos de los pedidos de su emprendimiento Rosa Pastel Cakery, creado con su mamá en 2019. También tienen un taller, pero a ella le gusta hornear un poco en su casa: “Tengo lindos recuerdos de mi niñez haciendo postres con mi mamá para los cumpleaños. Comenzar este emprendimiento de pastelería con ella ha sido muy especial”.

Desde la terraza, tienen la vista del centro financiero de San Isidro. Aquí se inspiraron en un estilo mediterráneo. Tiene mucho sentimiento, además, porque los muebles de hierro los hizo el papá de Ange. Para darle más vida, incluyeron tres árboles: un molle, un olivo y un Shady Lady, y varias plantas como romero, buganvilla y hierbaluisa. Disfrutan de cuidar su jardín propio y la terraza es su refugio los fines de semana.

“Queríamos una casa en la que se sienta que nosotros vivimos aquí, que hacemos hogar, que la disfrutamos, que nos invitara a recibir. Nos encanta cómo quedó”.