Espacio abierto

Palabras: Fiorella Iberico / Fotos: Camila Novoa

Luego de vivir con cinco amigos en una casona de Barranco, Sebastián Granda, abogado de profesión y mente creadora detrás de la marca de ropa Sastre, estaba listo para mudarse a un espacio un poco más privado, esta vez, compartido solo con su mejor amigo. Buscaban algo de precio razonable; Sebastián, muy a su estilo, se inclinaba por una construcción antigua, tradicional, sin mucha pompa. En un portal de clasificados dieron con un departamento: las fotos eran poco favorecedoras, pero decidieron darle una oportunidad y agendaron una visita con la propietaria.

Apenas puso un pie en el lugar, Sebastián se enamoró de él. Los pisos eran de loseta blanca y los techos muy altos. En esos detalles altisonantes estaba el encanto. Su amigo no estaba convencido y quiso buscar otras opciones, pero Sebastián fue tajante: “Aquí es”. Al cabo de unos días, se mudaron.

El depa está acondicionado dentro de una casa miraflorina antigua con buen metraje y tiene un aire de loft. Hay pocas divisiones — los límites se desdibujan entre la sala y el comedor— y muchas ventanas por donde entra la luz.

Al cabo de un tiempo su amigo se mudó, y el espacio se quedo solamente para Sebastián, para pensar cómo llenar esa otra parte de la mejor manera. Desde entonces, comparte generosamente su espacio de vida con Sastre, su proyecto personal. La marca revaloriza la tradición de la sastrería hecha a la medida y con narrativa propia. “Sastre es una celebración de esas piezas confeccionadas a mano, irrepetibles, llenas de armonía”, explica con afecto.

Su relación con los trajes empezó desde chico. Veía a su papá, también abogado, mandar a hacer sus ternos. Las telas suaves, el corte preciso, la experiencia de la ropa “made to order” lo cautivaron sobremanera. Su primer sastre lo tuvo a los seis años y de ahí no paró hasta hacer de esa tradición su propio proyecto de moda.

Es en este mismo depa que recibe a sus clientes, les toma las medidas, conversan. Se vuelve una retroalimentación de ida y vuelta hasta llegar a la pieza ideal que es memorable y duradera. Esa es una de las visiones que más atesora el diseñador con respecto a su propuesta, que sus prendas sean usadas por muchos y se coleccionen.

Prefiere mantener pocos muebles, lo que le permite reconfigurar el espacio. Además, no le gusta acumular objetos. Para Sebastián, cada cosa debe tener un significado profundo, necesita que lo que entra en su casa tenga un trasfondo. Por eso, lo busca con cuidado y otras veces lo crea. Por supuesto, también investiga sobre algunos objetos o estilos, y puede obsesionarse con ellos. Algunas cosas que tiene en casa han llegado a través de personas que lo quieren o que admiran su trabajo. La lámpara que ocupa un rincón se la regaló la hija de su casera, porque le fascina lo que hace con Sastre.

Sebastián también ha montado en el lugar su oficina como abogado de una empresa de telecomunicaciones. Su escritorio es una gran mesa de madera maciza y patas talladas que predomina en el espacio y que impacta visualmente apenas uno entra en el departamento, junto con el perchero donde cuelgan algunas prendas de Sastre.

El dormitorio de Sebastián se encuentra en un altillo que ofrece vistas al jardín trasero de la casa. Su cuarto es un santuario para él. Solo hay una cama vestida con un edredón blanco, como si fuera una nube de confort que invita al descanso, y una poltrona sobre la que se recuesta para fumar un cigarro antes de dormir o para leer. No trabaja para nada aquí. Tampoco deja subir a otras personas.

De la escalera para abajo, el departamento es una hoja en blanco para muchas experiencias, incluidas las Fiestas de Sastre. Obsesionado con seguir creando un universo completo de la marca, decidió recibir a su comunidad entre las paredes donde todo ocurre y crear fiestas teñidas de luz roja. Como él mismo explica, “cuando vienes a una de las fiestas te estás llevando todo el intangible de la marca, lo que te vas a acordar de nosotros cuando cierres los ojos, te estás llevando la vibra de las personas que asistieron, de la música, del departamento, no solo una pieza de vestir”. Así, el espacio no solo cumple una función estética personal, sino que se ha vuelto una representación de la marca. Sebastián confiesa que las paredes han visto de todo.

El departamento de Sebastián Granda, director de la marca Sastre, es su espacio para vivir, trabajar y compartir experiencias estéticas y sociales.

También disfruta mucho el barrio. Siente que tiene todo cerca. Coge su bici y aprovecha la hora de almuerzo para hacer compras en el mercado. En la pequeña alacena que tiene en la zona de la cocina tiene siempre maní confitado y galletas bañadas en chocolate que comparte con quienes llegan. También hay agua que sirve de botellas de vino recicladas de Bodega Murga. Dice que eso nunca falta en su casa, así como una taza de café. Es un espacio diferente, acogedor a su estilo, relajado en sus usos. La extensión de un proyecto y de un momento de vida.